¿Qué debe saber un niño de cuatro años?

En la reunión con las familias de mi aula de esta tarde, he repartido un artículo que una compañera encontró en Internet, lo he copiado aquí con el enlace a la publicación y la reseña de la autora:

¿Qué debe saber un niño de cuatro años?

http://www.huffingtonpost.es/alicia-bayer-/que-debe-saber-un-nino-de_b_3955952.html

Pincha en “Sigue leyendo” (more) para ler todo el artículo:

Hace poco, en un foro sobre la educación de los hijos, leí una entrada de una madre preocupada porque sus hijos, de cuatro años y año y medio, no sabían lo suficiente. “¿Qué debe saber un niño de cuatro años?”, preguntaba.

Las respuestas que leí no solo me entristecieron sino que me irritaron. Una madre indicaba una lista de todas las cosas que sabía su hijo. Contar hasta 100, los planetas, escribir su nombre y apellido, y así sucesivamente. Otras presumían de que sus hijos sabían muchas más cosas, incluso los de tres años. Algunas incluían enlaces a páginas con listas de lo que debe saber un niño a cada edad. Solo unas pocas decían que cada niño se desarrolla a su propio ritmo y que no hay que preocuparse.

Me molestó mucho que la respuesta de esas mujeres a una madre angustiada fuera añadirle más preocupación, con listas de todo lo que sabían hacer sus hijos y los de ella no. Somos una cultura tan competitiva que hasta nuestros niños en edad preescolar se han convertido en trofeos de los que presumir. La infancia no debe ser una carrera.

Por todo ello, he decidido proponer mi lista de lo que debe saber un niño (o una niña) de cuatro años:

  1. Debe saber que la      quieren por completo, incondicionalmente y en todo momento
  2. Debe saber que está a      salvo y debe saber cómo mantenerse a salvo en lugares públicos, con otra      gente y en distintas situaciones. Debe saber que tiene que fiarse de su      instinto cuando conozca a alguien y que nunca tiene que hacer algo que no      le parezca apropiado, se lo pida quien se lo pida. Debe conocer sus      derechos y que su familia siempre le va a apoyar.
  3. Debe saber reír, hacer      el tonto, ser gamberro y utilizar su imaginación. Debe saber que nunca      pasa nada por pintar el cielo de color naranja o dibujar gatos con seis      patas.
  4. Debe saber lo que le      gusta y tener la seguridad de que se le va a dejar dedicarse a ello. Si no      le apetece nada aprender los números, sus padres tienen que darse cuenta      de que ya los aprenderá, casi sin querer, y dejar que en cambio se dedique      a las naves espaciales, los dinosaurios, a dibujar o a jugar en el barro.
  5. Debe saber que el      mundo es mágico y ella también. Debe saber que es fantástica, lista,      creativa, compasiva y maravillosa. Debe saber que pasar el día al aire      libre haciendo collares de flores, pasteles de barro y casitas de cuentos      de hadas es tan importante como practicar la fonética. Mejor      dicho, mucho más.

Pero más importante es lo que deben saber los padres:

  1. Que cada niño aprende      a andar, hablar, leer y hacer cálculos a su propio ritmo, y que eso no      influye en absoluto en cómo de bien ande, hable, lea o haga cálculos      después.
  2. Que el factor que más      influye en el buen rendimiento académico y las buenas notas en el futuro      es que leer a los niños de pequeños. No las fichas, ni los manuales, ni      las guarderías elegantes, ni los juguetes y ordenadores más rutilantes,      sino que mamá o papá dediquen un rato cada día o cada noche (o ambos) a      sentarse a leerles buenos libros.
  3. Que ser el niño más      listo o más estudioso de la clase nunca ha significado ser el más feliz.      Estamos tan obsesionados por tratar de dar a nuestros hijos todas las      “ventajas” que lo que les estamos dando son unas vidas tan      pluriempleadas y llenas de tensión como las nuestras. Una de las mejores      cosas que podemos ofrecer a nuestros hijos es una niñez sencilla y      despreocupada.
  4. Que nuestros niños      merecen vivir rodeados de libros, naturaleza, utensilios artísticos y la      libertad para explorarlos. La mayoría de nosotros podríamos deshacernos      del 90% de los juguetes de nuestros hijos y no los echarían de menos, pero      algunos son importantes: juguetes como los LEGO y las construcciones,      juguetes creativos como los materiales artísticos de todo tipo (buenos),      los instrumentos musicales (tanto clásicos como multiculturales),      disfraces, y libros y más libros (cosas, por cierto, que muchas veces se      pueden conseguir muy baratas en tiendas de segunda mano). Necesitan      libertad para explorar con estas y otras cosas, para jugar con montoncitos      de alubias secas en el taburete (supervisados, por supuesto), amasar pan y      ponerlo todo perdido, usar pintura, plastilina y purpurina en la mesa de      la cocina mientras hacemos la cena aunque lo salpiquen todo, tener un      rincón en el jardín en que puedan arrancar la hierba y hacer un cajón de      barro.
  5. Que nuestros hijos      necesitan tenernos más. Hemos aprendido tan bien eso de que necesitamos      cuidar de nosotros mismos que algunos lo usamos como excusa para que otros      cuiden de nuestros hijos. Claro que todos necesitamos tiempo para un baño      tranquilo, ver a los amigos, un rato para despejar la cabeza y, de vez en      cuando, algo de vida aparte de los hijos. Pero vivimos en una época en la      que las revistas para padres recomiendan que tratemos de dedicar 10      minutos diarios a cada hijo y prever un sábado al mes dedicado a la      familia. ¡Qué horror! Nuestros hijos necesitan la Nintendo, los      ordenadores, las actividades extraescolares, las clases de ballet, los      grupos organizados para jugar y los entrenamientos de fútbol mucho menos      de lo que nos necesitan a NOSOTROS. Necesitan a unos padres que se sienten      a escuchar su relato de lo que han hecho durante el día, unas madres que      se sienten a hacer manualidades con ellos, padres y madres que les lean      cuentos y hagan tonterías con ellos. Necesitan que demos paseos con ellos      en las noches de primavera sin importarnos que el pequeñajo vaya a 150      metros por hora. Tienen derecho a ayudarnos a hacer la cena aunque      tardemos el doble y trabajemos el doble. Tienen derecho a saber que para      nosotros son una prioridad y que nos encanta verdaderamente estar con      ellos.

Y volviendo a esas listas de lo que saben los niños de cuatro años…

Sé que es natural comparar a nuestros hijos con otros niños y querer asegurarnos de que estamos haciendo todo lo posible por ellos. He aquí una lista de lo que se suele enseñar a los niños de esa edad y lo que deberían saber al acabar cada curso escolar, a partir del preescolar.

Como nosotros estamos educando a nuestros hijos en casa, yo suelo imprimir esas listas para comprobar si hay algo que falte de forma llamativa en lo que están aprendiendo. Hasta ahora no ha sucedido, pero a veces obtengo ideas sobre posibles temas para juegos o libros que sacar de la biblioteca pública. Tanto si los niños van al colegio como si no, las listas pueden ser útiles para ver lo que otros están aprendiendo, y pueden ayudar a tranquilizarnos sabiendo que van muy bien.

Si existen aspectos en los que parece que un niño está por detrás, hay que darse cuenta que eso no indica ningún fracaso, ni del niño ni de sus padres. Simplemente, es una laguna. Los niños aprenden lo que tienen alrededor, y la idea de que todos deben saber esas 15 cosas a una edad concreta es una tontería. Aun así, si queremos que las aprenda, lo que tenemos que hacer es introducirlas en la vida normal, jugar con ellas, y las absorberá de manera natural. Si contamos hasta 60 cuando estamos haciendo la masa de un bizcocho, aprenderá a contar. Podemos sacar de la biblioteca libros divertidos sobre el espacio o el abecedario. Experimentar con todo, desde la nieve hasta los colores de los alimentos. Todo irá entrando con más naturalidad, más diversión y muchas menos presiones.

Sin embargo, mi consejo favorito sobre los niños pequeños es el que aparece en esta página.
¿Qué necesita un niño de cuatro años?

Mucho menos de lo que pensamos, y mucho más.

Alicia Bayer

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Alicia Bayer vive en una zona rural de Minnesota (EEUU) con su marido y sus cinco hijos (con edades comprendidas entre los dos y los 15 años).
Es la encargada de mantener la
página y el blog de A Magical Childhood desde hace 10 años. Además escribe artículos de opinión para Examiner.com

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia

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